Ayer salí camino de Martorell para hacer un reportaje sobre Ahmed. La vida, la historia de Ahmed, por la razón que fuera, había pasado desapercibida para mí hasta ayer. Creo que me costará mucho olvidarla.
En el coche, de camino a casa de su hermano, leí su historia. Entre otras cosas, estos párrafos:
Félix Bayón:
HOY cumple 5.000 días de cárcel un hombre inocente. Hace más de seis años que el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, pidió el indulto para Ahmed Tommouhi, víctima de un error judicial. Posteriormente, el Tribunal Supremo se adhirió a la petición. Hace dos años –gobernaba aún el PP–, un diputado socialista preguntó al Gobierno qué pasaba y le respondieron que el indulto estaba en trámite y se resolvería "en breve". Ahora ha sido un diputado de Izquierda Verde el que ha reiterado la pregunta y le han dicho lo mismo.
Pere Ríos / Mónica C. Belaza:
El marroquí Ahmed Tommouhi salió el pasado lunes por la tarde de la cárcel barcelonesa de Brians, en libertad condicional. Llevaba más de 15 años preso por cuatro violaciones y un robo, y los últimos siete años ha estado esperando un indulto del Gobierno que jamás llegó. La medida de gracia no la había solicitado el recluso, quien en todo momento había clamado su inocencia y sostenido que "el indulto es para los culpables", sino el fiscal jefe de Cataluña, José María Mena, que puso así en entredicho el veredicto de la justicia.
A Tommouhi lo acusaron inicialmente por 17 delitos y lo acabaron condenando por cuatro violaciones y por un robo. Penas que sumaban más de 100 años. La única prueba, en todos los casos, fue el reconocimiento de las víctimas. En 1995, cuatro años después de la detención de Tommouhi y Mounib, la policía detuvo a Antonio García Carbonell, de gran parecido físico con Tommouhi, por una serie de violaciones muy similares a las de 1991. El empeño de un guardia civil implicado en ambas investigaciones, Reyes Benítez, logró demostrar que, al menos en una de las agresiones por las que se condenó a Tommouhi, el culpable había sido García Carbonell. El ADN lo verificó, pero en el resto de los casos no fue posible. No se conservaban restos biológicos que se pudieran analizar y Tommouhi no pudo probar su inocencia.
La Administración penitenciaria catalana lo clasificó en tercer grado el pasado 28 de marzo, lo que le hubiera permitido pasar el día fuera de prisión y volver únicamente a dormir a la cárcel de lunes a jueves. Pero Tommouhi también se negó a esos beneficios.
Ahora ha decidido aceptar la libertad condicional y seguir luchando por demostrar su inocencia. "Ahora quiere estar tranquilo para ver cómo organiza su vida de nuevo", explica su hijo Khaled. Una vida que se paró hace 15 años, cuando acababa de llegar a Cataluña para trabajar como albañil.
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Nada más aparcar en Martorell logré hablar con un amigo, también marroquí, del sobrino de Ahmed. Me dio tan rápido su teléfono móvil con la misma velocidad con la que cualquiera hubiera cambiado de acera al cruzarse con él de noche. El sobrino me avisó que Ahmed ya había hablado con varios periodistas y que se había negado a todo tipo de entrevistas. “¿Podéis bajar a la plaza, cinco minutos?” Estuvieron más de 40 minutos con nosotros.
Ahmed se tomó el café frío. Tenía muchas cosas que contar, quería que le escucháramos. Lo primero que hizo fue encoger los hombros. “Sí, 15 años”. Luego me contó, pausadamente, algunas de las ideas que le han acompañado durante estos 15 años en la cárcel.
“¿Ganas? No tengo ganas de nada. 15 años en la cárcel te quitan las ganas de todo. No sé si quiero volver a Marruecos. No sé lo que quiero hacer. Si tengo sed, bebo agua. Pero poco más”. Era el primer golpe al estómago. Puro abatimiento.
“¿Que quién quiero que me escuche? No quiero periodistas, vecinos ni amigos. Vosotros ya conocéis mi historia. Quiero que me escuche el ministro. Que me escuchen los jueces que me condenaron. Que me escuchen los que me señalaron con el dedo diciendo, sí, es él. Que me escuchen los que han permitido que haya pasado 15 años en la prisión”. Segundo golpe, cargado de dignidad.
“Cuando te roban una moneda, puedes recuperarla. Cuando te roban un coche, puedes comprarte otro. ¿Cómo recupero yo mis 15 años?” Tercer golpe, quizás el más duro, ebrio de resignación.
Le dije al cámara que el segundo café me había sentado mal. Yo creo que no era el café. Era haber escuchado, tan cerca y tan claro, cómo la vida puede darte la espalda tanto tiempo. Cómo un sistema y unas reglas pueden robarte las ganas de hacer algo en la vida. Cómo un grupo de personas será, para siempre, incapaz de devolverle a Ahmed el bien más preciado. La libertad. La misma de la que los políticos se llenan la boca, pero que sólo carecen aquellos en los que esos políticos nunca piensan.
Fernando Loach
